LAS HISTORIAS BONITAS EXISTEN

Las historias bonitas existen, pero también tienen final. Y el nuestro ha sido la
Final 4 autonómica en la que terminamos terceros de Aragón, tras una dura
derrota contra Almogávar en el primer partido, donde fueron muy superiores los
que se proclamaron campeones de Aragón en los días posteriores. El segundo
encuentro se luchó con todo, pese a que el marcador acabó del lado del conjunto
de Dominicos. Un partido muy bonito, donde acabamos con la cabeza bien alta,
sabiendo que lo habíamos dado todo y, lo más importante, habíamos disfrutado
como cuando éramos alevines. Y finalmente, en la tercera jornada, acabamos por
consolidar nuestro bronce, en el último partido, contra Maristas B, donde cada
minuto lo intentábamos estirar, deseando que no acabara nunca, instantes que
cierran, sin ninguna duda, la etapa más bonita de mi vida: la etapa del
Balonmano Escolar.
Parece mentira que hayan pasado 9 años, desde que comenzó lo que en su
momento parecía una pequeña aventurilla de nueve enanos mocosos en la etapa
Benjamín. Aún recuerdo esos entrenamientos con Paco, Pablo y el Hermano
Antonio. Esas frases míticas: “No botes” o “¿Eres periodista, fotógrafo o pintor?
¿Por qué estás parado?”. Un año maravilloso donde nos iniciamos en eso que la
gente nos decía que era Balonmano. Y donde se podría decir que fueron los
comienzos de lo que sería un verdadero equipo de amigos, una familia.
Evolucionamos (como los Pokemons) a Alevines con los Casti al mando. Dimos
nuestros primeros pasos en el 40×20, un campo que parecía descomunal para
chicos de 1,30cm. Tuvimos nuevas incorporaciones como Jorge (de apellido Haro)

y Marme, y en lo técnico – táctico aprendimos el significado de una defensa en
zona, de una finta, y más palabrejas que poco a poco iríamos interiorizando.
Descubrimos un torneo a final de temporada que nos abrió los ojos sobre lo
increíble de este deporte, tanto que nuestro último partido de esta etapa fue en
Granollers, quedando terceros de un torneo internacional. Ese torneo donde
descubres que Noruega es un país increíble; ese torneo donde convives con tu
equipo y 400 más; ese torneo en el cual la comida cada año está peor y, por ello,
me veo obligado a mencionar la tienda de chuches de Ángel, que nos salvó de la
desnutrición. Desde aquí te damos las gracias…
Con la resaca del torneo de Granollers nos plantamos en infantiles. Una etapa
donde descubres que hay balonmano por todo Aragón y no solo en Zaragoza:
Mora de Rubielos (¡qué gran viaje!), Ejea, Tarazona, Huesca… Es la primera vez
que participas en una competición donde cuentan las victorias y las derrotas y
empiezas a aprender a competir de una manera sana. Tuvimos varias bajas
importantes del equipo: Alba que se fue a colores y Navarro se centró en la
natación. Pero estas bajas hicieron que se incorporaran a nuestro equipo chicos
que a día de hoy son pilares fundamentales, tanto en lo deportivo como en lo
extra deportivo. Estoy hablando de Moreno (la sonrisa viviente), Manu (el
director de orquesta), Héctor (el extremo chuscador ), Lasi (el chico del
gimnasio) y Antón( the goalkeeper). Comenzamos así el primer año con Don
Manuel Sánchez y Juan Lastra al mando, con los que llegamos a ser cuartos de
Aragón con un año menos, gracias a un juego basado en la velocidad y el
lanzamiento exterior, todo un logro para un equipo que empezaba a sentir que
tenía muchísimo que demostrar. Tras un verano un poco extraño y un cambio de
entrenadores, Rosell y Bastarras tomaron las riendas. Empezamos a aprender a
jugar sistemáticamente, aprendimos nuestras primeras jugadas y comenzamos a
afianzar la defensa en zona. Acabó la temporada pero nosotros aún teníamos un
objetivo: La Granollers Cup, en la que al mando de Don Jorge Bastarras quedamos
terceros otra vez, demostrando nuestra valía como equipo.
Nos plantamos en la categoría Cadete, esos años donde ya empiezas a competir
para ganar. Entró en nuestro equipo un chico que daría que hablar, Moncho
(sabes que te quiero). No solo eso, sino que también se realizó un cambio en el
banquillo donde entró J. Bailo (conocido como Lionel Messi) que junto con
Rosell, daban solidez a un juego donde reinaba la sistemática. El tiempo se
notaba, ya teníamos pelos en las piernas (para algunos aún tardaron un poco) y
ya tocando el 1,70 (alguno nunca llegó) ese primer año de cadete logramos
nuestro objetivo, clasificarnos para la liga de los 8 mejores. Todo un éxito. Nos
dedicamos a aprender todo lo posible, llegando a la sexta posición de Aragón
siendo de un año menos.
El segundo año llegó otra incorporación a nuestra familia: un chico de nombre
Cayetano, que venía de Corazonistas de Barcelona. El objetivo era claro, ganar el
campeonato de Aragón. Fue un año de mucho trabajo, donde empezamos con
una fuerte pretemporada en La Granja, sitio donde aprendes que el agua es un
bien preciado, y rezas para que tus pulmones no acaben en el césped.
Entrenamos duro y fuerte, afianzamos nuestras jugadas, y nos preparamos para
una recta final e intensa de temporada. Aprendimos que los cuentos de hadas no
existen y lo único que vale es el esfuerzo y la constancia. Lamentablemente, un

gol fallado a tiempo parado, nos dejó fuera de la ansiada final, mostrándonos que
la vida no siempre te sonríe.
Llegó sin comerlo ni beberlo la etapa final, la juvenil. Una etapa donde ya somos
hombres, o por lo menos estamos entrando en lo que llaman la madurez. Ricardo
tomó el timón y con él vimos el balonmano como algo más que un deporte. Nos
enseñó un juego totalmente distinto, de velocidad y visión de juego. Nos mostró
que hay que competir en cualquier liga, entre ellas la famosa copa Pistón. Fue un
año donde buscábamos la motivación en las chuches de los descansos y las
charlas pre-partido. Donde ya podíamos ver que no éramos un equipo normal,
sino que la buena relación, el compañerismo y la dedicación eran destacables
frente a cualquier otro equipo con el que se nos comparara. Un claro ejemplo de
esto lo viví de manera personal. No llegué a finalizar la temporada debido a una
lesión que me dejó en silla de ruedas dos meses. No tuve ni tengo palabras para
agradecer de manera personal todo el apoyo, el cariño y la ayuda que recibí.
Gracias a este equipo no iba en silla de ruedas, iba volando. Tuvimos la
incorporación temporal de Juan Cali (el mejor árbitro de fútbol 11 que se verá en
categorías alevines). No llegamos a la liga A, pero éramos felices compitiendo al
máximo cada partido. Sin duda un año genial que culminaría con la mejor
Granollers Cup de mi vida (esta vez como delegado dada mi lesión) donde Jorge
Del Valle y Jorge Bastarras fueron unos hermanos mayores para nosotros.
Y llegamos al final del que os he empezado hablando: el último año de la última
etapa. Y, sinceramente, ojalá no acabara nunca. Comenzó con muchos
movimientos en el equipo: Juan Martínez, un martillo pilón, y Lauren, el zurdo de
oro, se incorporaron a esta pequeña gran familia. También hubo cambio de
entrenadores con Chorch, el entrenador positivo, pero… (mención especial a los
Chorchnepes) y Dj Pedro José, nuestro RRPP con los marcadores de Facebook.
Con ellos finalizamos nuestra etapa de juveniles logrando un final de temporada
de película: nuestra ansiada y deseada final de Aragón. Algo con lo que
soñábamos todos. Nos habéis enseñado muchísimo y nos habéis ayudado en
todo. Solo podemos daros las gracias una y mil veces. ¿Quién iba a decir que un
grupo de seis chavales llegaría a formar la familia a la que hemos llegado? Esos
seis chavales, que empezaron poniendo en un papel un deporte llamado
Balonmano, del que habían oído hablar 2 veces en toda su vida. Aquellos éramos:
Nacho (el espíritu del balonmano hecho vida), Pablo Cases (de mi vida), David (el
pivote defensivo ;D), Juan Suárez (el récord de asistencias a entrenamientos),
Jesús (el chico de las contrarroscas y los contraataques), y yo, Julián. Y junto a
todas las incorporaciones creamos algo único (Mamá Cósmica), algo que no se ve
en ningún equipo. Por ello solo puedo daros las gracias, de verdad. Si hoy amo
este deporte es por vosotros. Sois increíbles y ha sido una suerte poder compartir
toda esta parte de mi vida con vosotros. Gracias a todos los entrenadores. De no
ser por todos vosotros, no hubiéramos llegado a donde estamos y quiénes somos
hoy. Nos habéis transmitido la pasión por este deporte, a trabajar en equipo, a
aceptar las derrotas, a respetar al rival, a esforzarnos para conseguir lo que
queremos y a ver todo con entusiasmo y dedicación. Sois la parte que le ha dado
la magia a este proyecto y nunca podré daros las gracias suficientes. Gracias a los
padres y madres por ser nuestro apoyo cada día. Gracias por enseñarnos que un
día malo lo tiene cualquiera, por llevarnos a todos los partidos, por prepararnos

los bocadillos para jugar fuera y por ir a vernos como nuestros fans número 1.
Gracias por creer en mí. Gracias por cuidarme cuando me lesionaba y,
simplemente, gracias por ser como sois. No tengo palabras para agradeceros
tanto. Gracias a nuestro delegado, por ese pedazo de botiquín que alguna vez se
ha llenado de pega. Porque aunque no nos demos cuenta, siempre estás ahí, para

todo, has sido parte de este equipo siempre y siempre lo serás. Gracias al club-
colegio y a todos los que lo forman por habernos dado esta gran oportunidad, por

intentar darnos todo lo posible aunque las cosas no siempre fueran bien, y por
habernos brindado la oportunidad de formar lo que es algo increíble. Puede que
no seamos los campeones del mundo, pero somos los mejores. Simplemente,
gracias, familia.


Julián Sainz de Varanda Yangüela

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